La mirada del folclore

Asier Bastida presenta en las estaciones de Metro de Abando y de Portugalete ‘The folk faces’, un proyecto fotográfico de retratos tomados en el Festival Internacional de Folclore de la villa jarrillera

uNA mirada intensa, profunda, desafiante e, incluso, arrogante. Las similitudes en las diferentes actitudes que adoptan los fotografiados ataviados con sus respectivos trajes regionales ante la cámara no son producto de la casualidad, sino el hilo conductor que sigue esta exposición ideada por la mirada del fotógrafo leioarra Asier Bastida. El orgullo que sienten -y que deben sentir- los transmisores del folclore es el rol que persigue y azuza el artífice de The folk faces, expuesta en los accesos a las estaciones de Portugalete y Abando de Metro Bilbao. Para recolectar los 26 retratos que conforman la muestra, el artista vizcaino lleva cuatro años fotografiando a aquellos bailarines y músicos que anualmente participan en el Festival Internacional de Folclore de Portugalete, que este año se celebrará del 21 al 31 de julio y vivirá su cuadragésima edición.

Argentina, India, Chile, Perú, China, Kurdistán, México, Serbia, Bulgaria, Colombia, Venezuela, Canadá... son solo algunas de las nacionalidades de las 25 representadas en las fotografías que conforman la muestra que tuvo su primera exhibición en 2011. La voluntad de continuidad del proyecto ha otorgado cierta experiencia a Bastida, a quien se le deben conceder ciertos conocimientos de antropología social. “Según su procedencia, las personas reaccionan de forma diferente ante la cámara”, señala el retratista. “Cuando se enfrentan a lo desconocido muestran recelo, están cohibidos; los plantamos delante de un estudio con luz artificial y flashes. Después se acostumbran, aunque haya poco tiempo de adaptación”.

Lo difícil es cuando Bastida les cuenta de qué va el proyecto. “Les sugiero que muestren una actitud de orgullo. En algunos países las manifestaciones de orgullo están relacionadas con el desafío, pero también vale. El problema es que muchos grupos no saben estar delante de la cámara si no es esbozando una sonrisa de oreja a oreja y eso hace que parezca una fotografía turística o de campaña publicitaria. Cuando se les invita a adoptar esta actitud es porque funciona delante de la cámara”. Obviamente, la invitación no funciona con todas las personas y a veces hay que hacer una criba. Para la muestra, de hecho, han sido elegidos 26 retratos entre los más de 200 que había realizado el fotógrafo.

“Empecé pidiendo que de cada grupo viniera una pareja. Después, elegía a personas que tuviesen determinados rasgos que se identificaban claramente con su país de procedencia. Ahora viene todo el grupo a fotografiarse. De la variedad sale la mejor selección”, cuenta el retratista vizcaino. Las sesiones suelen ser rápidas -en apenas una hora debe fotografiar hasta a cuarenta personas- y no hay mucho tiempo para anécdotas. Sin embargo, Bastida recuerda una ocasión en la que fotografió a un grupo de Serbia sin traductor. “Después de estar rompiéndome la cabeza para que me entendieran con mímica, cuando terminó la sesión se dirigieron a mí en un perfecto castellano. ¡Lo habían aprendido viendo culebrones! No me lo dijeron al principio y me volví loco”.

Tradición autóctona

La implicación del artista leioarra con el proyecto está directamente unida a su pasado como dantzari. “Bailé durante años en el grupo de danzas Elai Alai de Portugalete -anfitriones del festival- y durante muchos años hice las fotos de las actuaciones. Hace unos seis años empezaron a exponerlas en Metro Bilbao, pero sabía que este asunto tenía más potencial y comencé a hacer los retratos”. De hecho, Bastida inició su incursión en la fotografía a raíz del festival. De ahí ha salido una vocación que se ha mezclado con la afición.

“El folclore para mí es la vida”, resume Bastida, con cierta pena de no poder continuar bailando. “En el folclore se resume un poco la manera de ser de cada pueblo, de vivir las cosas, las tradiciones... y, hoy por hoy, aunque se le da un poquito la espalda, es la carretera por la que siguen circulando nuestras costumbres más ancestrales”, reflexiona.

A pesar de ese gran interés por fotografiar a grupos, aún no se ha atrevido con los retratos de los dantzaris autóctonos. “La gente de otros países puede ser más pura. Pero aquí no distinguimos la cara entre uno de Gipuzkoa y otro de Bizkaia. Cuanto más aislados son los países o los grupos, más se distinguen esos rasgos. Roza un poco el estudio humano. Aquí se va mezclando un poco más”, determina.

Objetivos y sueños

Asier Bastida confiesa alguna que otra espinita de sus cuatro años de trabajo. “Aunque por el festival han pasado neozelandeses, yo no he tenido oportunidad de fotografiarlos y me muero de ganas. Eran muy expresivos y más que fotografiar la representación de un país, seria fotografiar a una etnia”. También recuerda el grupo de egipcios que no se dejó fotografiar individualmente, esgrimiendo un argumento de derechos de imagen. Ninguno de los incidentes ha provocado que trabaje con menos ilusión para nutrir la muestra de nuevos rostros.

“Uno de los objetivos de las exposición es el de transmitir que el folclore tiene futuro, que todo esto perdure en el tiempo gracias a estas personas que aparecen retratadas, a otras que lo hicieron antes y se deberá también a los que vienen por detrás. La muestra es una invitación a que la gente se sume a conservar este tipo de historias y culturas. No concibo esto sin que haya un mañana para que se conozca como lo he conocido yo y aprendamos de lo que va a evolucionar”, señala el fotógrafo, que durante la presente edición podrá fotografiar a bailarines y músicos de Osetia del Norte, Sudáfrica, China, Polonia, Costa Rica y Aragón.

De momento, Bastida continuará con el proyecto de mostrar los retratos en las estaciones de metro, siempre y cuando cuente con patrocinio para ello. Sin embargo, revela que le encantaría ver el proyecto reflejado en un libro, con una selección más ambiciosa. “El sueño es poder acabar haciendo esto en origen. Los grupos que pasan por aquí son compañías muy consolidadas y profesionales, y por aquello de la internacionalización, van perdiendo la esencia. Mi sueño es ir a buscar estos grupos o gente que en sus aldeas esté

Deia
16 Julio 2014