Las máscaras de las lamiak

Aste Nagusia 2019

La Maskarada llenó Lamiako de colorido, ruido, alegría y mucha mitología. Y lo hizo además 41 años después de su nacimiento en este barrio de Leioa que, lejos de dejar morir a esta fiesta, la actualiza y mima cada mes de mayo.

lamiak

ESTA vez mayo se vistió de verano, y Maiatza y los demás personajes de la Lamiako Maskarada brillaron en su máximo esplendor, lejos del aguacero que aguó la fiesta el año pasado, aunque puestos a pedir, mejor un poquito menos de calor, en especial para los que portan esas máscaras maravillosas de esta representación única en este rincón leioaztarra, de este teatro de colores y baile y, sobre todo, de genética de barrio.

Como es habitual desde hace 41 años, la gente de Lamiako se echó a la calle para disfrutar de la Maskarada, donde más de treinta personas se esmeraron con los trajes, sobre los zancos, debajo de esas máscaras, interpretando a Mari, Sugaar y los demás, bailando, saltando sobre las llamas, controlando la música y el sonido… Un largo etcétera para que este espectáculo de danza, mitología, euskera, tradiciones, cultura y fiesta fuese, una vez más, la celebración por excelencia en el barrio.

A su vez, la Maskarada dio inicio a las celebraciones de San Máximo, que hasta mañana prometen impregnar de buen ambiente el barrio de Leioa. Así que Lamiako sonríe estos días. Empezó a hacerlo ayer con su pasado, con la historia de la Maskarada. Con su leyenda. Todo parte de la obra El canto de la Lamia, de Antonio Trueba. Según esta narración, Prudentzia, una joven que vivía en el monte Berriz, tuvo la desgracia de que su marido Martín se cayó de un castaño y murió. Al cabo de dos meses, nació su hijo: Inaxio.

Con sacrificio, le sacó adelante e intentó que siguiera la tradición de sus padres: trabajar la tierra. Pero cuando Inaxio tuvo edad de hacerse cargo de las heredades, las rechazó, vendió el caserío y se hizo a la mar, su gran ilusión. Prudentzia se quedó triste al pie del castaño donde yacía Martín, mirando al horizonte, hasta que desapareció la nave de su hijo. Una tarde, en el pináculo de Berriz, divisó una vela blanca que llegó a las junqueras de Ondiz y pensó que Inaxio regresaba.

Pero no. Como pudo intentó llegar a su casa, pero murió en las junqueras. En aquel momento se escuchó el canto de las lamias y se dice que Prudentzia se convirtió en una de ellas... Esta historia, con baile, con buen rollo, con zancos, con música... cobra vida en tres partes diferenciadas. La segunda de ellas es la que introdujo novedades ayer, para tratar de que el relato se ajuste más a las localizaciones que van cambiando en Lamiako con el paso de los años, así que el recorrido que realizan los personajes mitológicos, acompañados por los vecinos, varió para aprovechar más zonas verdes. Lo que no cambió es la magia que brota y de una manera especial al caer la noche con el akelarre, con el enfrentamiento entre el paganismo y el cristianismo.

Entorno al fuego se creó una estampa litúrgica que quemó la edición número 41 de la Maskarada de Lamiako.

https://www.deia.eus/2019/06/01/bizkaia/margen-derecha/las-mascaras-de-l...

Deia
Larunbata, Ekaina 1, 2019