Mungia se va de romería

La localidad celebró ayer sus Lore Jokoak y vecinos y asociaciones se volcaron en escenificar las fiestas que se vivían antaño en los pueblos y barrios de Euskal Herria

kuadrilla

ENCENDÍAN una cerilla y los músicos pujaban por conseguir la plaza para todo el año”. Así explicó Ana Rosa Elizondo el errematea, un sistema utilizado hasta hace alrededor de cien años para adjudicar las plazas donde se celebraban las romerías a los músicos que, en exclusiva, las animarían el siguiente año. Esta fue una de las curiosidades que los mungiarras pudieron aprender ayer en la celebración de los Lore Jokoak, que versaron sobre las tradicionales romerías de Euskal Herria.

El día dio comienzo en Foruen plaza donde se ubicó la taberna propia de las jaias de antaño y donde todos los mungiarras tuvieron ocasión de degustar vino dulce y galletas. Seguidamente, alrededor de las 11.30 horas tuvo lugar una teatralización de la romería tradicional de los domingos en la que tomaron parte decenas de vecinos de la localidad. Primero llegaron a la plaza las autoridades, entre las que destacaban el alcalde, con chistera y banda azul, el alguacil o el cura. Con actitud solemne tomaron el quiosco de la plaza desde donde dieron inicio a la fiesta. La comitiva llegó además acompañada de txistularis que animaron al resto del pueblo a unirse a la celebración. Para calentar motores, los componentes del coro J.M. Arregi, vestidos para la ocasión, abrieron como mejor saben los Lore Jokoak: cantando. Y es que, como no podía ser de otro modo en una romería, la música fue uno de los grandes protagonistas.

Como bien explicó Ana Rosa, en las romerías de antaño los músicos tenían que buscarse la vida para ganarse el pan, y para ello se colocaban una bandera en el pecho como señal. Así, los erromesas (romeros) que así lo deseasen, aportaban un duro o dos. “Eran muy populares los korruko erromeriak, donde bailaban juntos mujeres y hombres en un gran corro”, contaba Ana Rosa. Y así lo escenificaron los mungiarras, marcándose un fandango y un arin-arin al son de txistu y tamboril.

 

Tras la comida popular, hubo tiempo para los juegos infantiles y hasta otra romería más que completó la jornada festiva

 

Además, explicó, “en las romerías grandes era normal que hubiese más de un grupo de músicos: txistularis, trikitilaris o dultzaineros”, y quien más gente aunaba “más dinero recogía” señaló.

pura tradición Las romerías han formado y forman parte de la tradición popular a lo largo y ancho de la geografía vasca. Los erromesak peregrinaban a iglesias generalmente de pequeños pueblos y barrios rurales o ermitas situadas en montes para, aprovechando la celebración religiosa, bailar, cantar y disfrutar junto a vecinos de pueblos aledaños. Todo eso y mucho más quedó reflejado ayer en los Lore Jokoak de Mungia que sacó a cientos de mungiarras de sus casas que, vestidos con sus mejores galas, gozaron de una jornada soleada al calor de trikitixas y txalapartaris gigantes. Arkaitz y Nagore, de Sestao, comentaron que era la primera vez que acudían y se mostraron encantados. “Hay un ambiente buenísimo”, señalaron. Una cuadrilla de chicas mungiarras que ya conocen bien esta fiesta, aseguraron que asistían todos los años vestidas para la ocasión.

Además de la romería, donde pequeños y mayores danzaron y saltaron sin descanso, en Foruen también hubo sitio para sanar dolencias, quitar males de ojo y hasta envidias. Las sanatenes ayudaron a ahuyentar todo mal, con sus ritos secretos y sus ungüentos mágicos. María, donostiarra afincada en Jatabe-Maruri fue una de las que atendieron en estos mágicas dispensarios. “No esperaba venir y estoy muy contenta de conocer por fin esta fiesta”, contaba. Mientras, en la calle Aita Elorriaga los más avispados degustaban rosquillas, manzanas asadas o castañas, de la mano del taller de teatro de la asociación de mujeres Diz-Diz, que en colaboración con el grupo de coleccionistas Bitxikiak recrearon la romería de San Tito.

Alrededor de la una y media Oreka-TX y Lekeitioko Kale-Antzerki Jaialdia recuperaron las raíces de la tradición musical vasca con su pandero, alboka y trikitrixa, flanqueados por varios músicos gigantes, que representaban a cinco grandes mitos de la música tradicional vasca. El espectáculo fascinó a los más pequeños que les siguieron en la kalejira.

Los mungiarras se zambulleron de lleno en la romería, disfrutando con cada nota de música, aplaudiendo cada irrintzi, y sin bajar jamás los brazos para bailar al ritmo de la trikitixa. Y es que Mungia es un pueblo de música, de dantzaris, de erromeria.

Deia