Los responsables de Lamiako maskarada son homenajeados por el Ayuntamiento en la conmemoración del Día de Leioa

Esta vez ninguna máscara cubría sus caras. No iban subidos en zancos, ni vestidos con pieles o floreados atuendos. Tampoco gritaban, ni cantaban, ni bailaban. Esta vez, las personas que organizan cada año la Maskarada de Lamiako -cerca de cincuenta vecinos están involucrados en dar vida a este espectáculo- iban a cara descubierta y en ropa de calle. Esta representación mitológica, que es una verdadera seña de identidad del barrio leioarra desde hace más de treinta años, fue homenajeada por el Ayuntamiento de la localidad en el tradicional Día de Leioa. Así se pudieron ver los rostros de las personas que están detrás de este incomparable espectáculo.
Cada año, el Consistorio reconoce el esfuerzo y la impagable labor que realiza alguna entidad, agrupación, movimiento o persona por el bien del municipio en la celebración de una gala que reúne al tejido asociativo y empresarial de Leioa. Esta fiesta se lleva a cabo el día en el que el municipio conmemora su desanexión de la anteiglesia de Erandio. Este 2014 se cumplen 489 años y ha sido Lamiako Maskarada la que se ha llevado los honores y todos los aplausos como ya hiciera el año pasado cuando este montaje se alzó con un Hemendik Saria. “Esta representación tiene un mérito muy grande. Es un evento único con el que todo el barrio se vuelca. Además, las personas que lo organizan lo hacen de una manera completamente altruista”, destaca la alcaldesa leioarra, Mari Carmen Urbieta. Arene Albizu y Arkaitz Correa están al frente de esta actuación que se lleva a cabo en las calles de Lamiako el último viernes del mes de mayo y con la que dan comienzo las fiestas del barrio.
Desde 1978 “Lamiako Maskarada se basa en la leyenda de las lamias, e intenta unir y englobar a diferentes mitos de Euskal Herria y presentarlos como una fiesta donde la música y la danza se añaden a mitos dándoles una identidad propia”, resume Arkaitz. La representación comienza con los personajes mitológicos, que recorren las calles del barrio con música y baile. Después, ya de noche, se prende una hoguera en el campo de futbito. En esta parte de la función se recrea la leyenda de Prudentzia, que perdió a su marido cuando estaba embarazada y que vio cómo su hijo, al hacerse mayor, decidió ser marinero y abandonar el hogar. Una tarde creyó ver a su vástago volver en un barco, pero no era él y Prudentzia murió ese día. En aquel momento, se escuchó el canto de las lamias y se dice que la vecina se convirtió en una de ellas.
“Desde el grupo actual es un orgullo recibir un premio a la trayectoria de este proyecto que empezó en 1978 gracias al trabajo enorme de muchas generaciones diferentes. Los que comenzaron tuvieron que luchar contra grandes dificultades para dar forma a la escenografía y el montaje, ya que los medios entonces eran menores”, recuerda Arkaitz, que por supuesto tiene muy presente a “José Luis Raymond, que ideó esta Maskarada junto a otros que pusieron a punto la música, el baile, la escenografía y la caracterización de los personajes. Su trabajo es de un valor incalculable para nosotros”.
El pasado de Lamiako Maskarada fue brillante, como lo es su presente. Por eso, Arkaitz espera que esta función “pueda seguir realizándose eternamente, para lo que se necesitará que futuras generaciones sigan implicándose como hasta ahora, y entre todos, hacer posible que siga vivo este trabajo tan duro realizado por muchos a lo largo de una vida”.



